Ermita de la Espelunga, un rincón para descubrir

Saldremos de Charo para dirigirnos, con el vehículo particular, al monasterio de San Beturian no sin antes habernos apeado unos minutos para visitar la ermita del Pilar, también recién restaurada, para poder observar una parte del altar original con la talla de nuestro santo, antaño situado en el monasterio. Ya en el gran conjunto religioso tomaremos el sendero marcado PR HU 43 que empieza rodeando el monasterio, actualmente en obras de restauración, por la parte mas alta y desviándose después hacia nuestra izquierda, también señalizada con un poste indicativo y panel informativo. Nos encontramos en un paraje en que domina la vegetación baja  como el tomillo, el romero o  la aliaga para en pocos minutos dejar paso a un bosquecillo de  arbustos. A sus pies podremos contemplar el delicado gladiolo silvestre o los perfumados y pequeños narcisos amarillos. Alcemos los ojos del suelo y seguro que nos sorprenderá alguna que otra rapaz ya sea el buitre leonado, el milano real,  la águila culebrera o la perdicera.

Sin casi darnos cuenta nos toparemos con la ermita de San Antón (s XVII) actualmente utilizada para resguardar ganado,  localizada en una minúscula pradera. La vegetación se vuelve mas alta, encontramos ya carrascas y pinos y el pequeño barranco de l’Abanera de agua fresca.  Al poco rato, otra vez a nuestra izquierda y bajo una gran roca daremos con la llamada “silla de San Beturian” que según dice la tradición los romeros pedían un deseo mientras picaban en la silla con una piedra. En este momento el sendero marca una buena subida y enseguida se convertirá en un camino serpenteante entre majestuosas carrascas que en su día no fueron convertidas en carbón, el camino parece querer ascender directamente a las paredes rocallosas, en este tramo si os fijáis  podréis observar en primavera pequeñas y curiosas orquídeas, pero cuidado otra pared nos cierra el paso y nos obliga a virar a la derecha. El sendero sube de forma mas abrupta, sorteamos unas cuantas rocas en nuestros pies. En poco vislumbraremos la ermita perfectamente mimetizada, enclavada  en una cueva que forma la propia montaña.

Una vez arriba una pequeña fuente nos refresca y descansa de la fuerte subida al mismo tiempo que nos da la bienvenida en el santo paraje de la ermita de la Espelunga, con unas vistas magnificas. En su interior nos aguarda un mestizaje arquitectónico entre lo  humano y  natural envuelto en una suave luz que desde el exterior se adentra por los inmaculados muros blancos hasta desvanecerse, por detrás del altar, en la cúpula de roca que cobija este lugar.

Mas información en la revista “El mundo de los Pirineos” nº 84 o en el Blog de Joaquín Ventura