El cuento

 

iconocharPor aquel entonces todos los habitantes del valle rivalizaban para ver quien era el más notable del lugar, pero sin darse cuenta pagaban un alto precio: el gozar de la vida y de los sueños. El oso se enorgullecía de poseer la cueva mas grande, en ella podían dormir hasta once osos, pero el oso trabajaba mucho para mantenerla y le faltaba tiempo para soñar. El ciervo siempre pensando en su magnifica cornamenta pasaba el día acicalándose para ser el ciervo mas vistoso del valle, se paseaba bien erguido con su paso seguro; si, quizás era el ciervo mas bello pero como el oso, le pasaban los días sin darse cuenta de la vida. El urogallo, otro de los habitantes del valle pasaba estación tras estación vigilando su enorme territorio, era tan grande que no sabía donde estaba su vecino. En verano el alimoche planeaba sin parar por su etéreo territorio, no dejaba volar su imaginación. El ratón glotón solo tenia ojos y tiempo para su estomago y despensa, dedicaba día y noche a hacer viajes del granero a su agujero Estaba solo y no se daba cuenta de como, al igual que el oso, el urogallo, el ciervo y el alimoche, las lunas y los soles se sucedían sin parar. Pero en el valle también vivía una pequeña formiga, trabajaba como la que más pero le gustaba vivir y sentir en pequeños y encantadores rincones como su minúsculo chardinet en el que soñaba los más deliciosos sueños jamás soñados bajo las hojas de un azirón.