Ermita de la Espelunga, un rincón para descubrir

Ermita de la Espelunga
Ermita de la Espelunga. Arte románico. Pirineo. Senderismo. Eco-turismo. Patrimonio aragonés. Casa rural O Chardinet d'a Formiga. Sostenible.
Interior de la ermita de la Espelunga

Saldremos de Charo para dirigirnos, con el vehículo particular, al monasterio de San Victorián no sin antes habernos apeado unos minutos para visitar la ermita del Pilar.

Ermita de la Espelunga. Arte románico. Pirineo. Senderismo. Eco-turismo. Patrimonio aragonés. Casa rural O Chardinet d'a Formiga. Sostenible.
Ermita del Pilar

Esta es una ermita de reciente restauración, donde podremos observar uno de los altares originales con la talla de San Beturián, antaño situado en una de las capillas del monasterio. Unos cientos de metros mas, en el gran conjunto religioso, dejaremos el coche y tomaremos el sendero marcado PR HU 43 que empieza rodeando parte del monasterio,

Ermita de la Espelunga. Arte románico. Pirineo. Senderismo. Eco-turismo. Patrimonio aragonés. Casa rural O Chardinet d'a Formiga. Sostenible.
San Victorián

actualmente en obras de restauración pero con visitas guiadas organizadas. Vale la pena hacer coincidir nuestra excursión con el horario de visitas. Andaremos hasta la parte mas elevada donde, en nuestra izquierda podremos ver un sendero, un poste indicativo y un panel informativo.  Nos encontramos en un paraje en que domina la vegetación baja  como el tomillo, el romero o  la aliaga para en pocos minutos dejar paso a un bosquecillo de  arbustos. A sus pies podremos contemplar el delicado gladiolo silvestre o los perfumados y pequeños narcisos amarillos. Alcemos los ojos del suelo y seguro que nos sorprenderá alguna que otra rapaz ya sea el buitre leonado, el milano real,  la águila culebrera o la perdicera.

Ermita de la Espelunga. Arte románico. Pirineo. Senderismo. Eco-turismo. Patrimonio aragonés. Casa rural O Chardinet d'a Formiga. Sostenible.
Ermita de San Antón
San Antón y la Silla de San Beturián

Sin casi darnos cuenta nos encontraremos con la ermita de San Antón      (s XVII) localizada en una minúscula pradera y que actualmente se utiliza para resguardar el ganado. La vegetación se vuelve mas alta, encontramos ya carrascas y pinos y el pequeño barranco de l’Abanera de agua fresca.

Al poco rato, de nuevo a la izquierda y bajo una gran roca hallamos la llamada “silla de San Beturian”. Según reza la tradición los romeros pedían un deseo mientras picaban en la silla con una piedra. En este momento el sendero marca una buena subida y enseguida se convertirá en un trazado serpenteante entre majestuosas carrascas que en su día no fueron convertidas en carbón.

El camino parece querer ascender directamente hacía las paredes rocosas. En este tramo si os fijáis  podréis observar en primavera pequeñas y curiosas orquídeas. De repente otra pared nos cierra el paso y nos obliga a virar a la derecha. El sendero sube de forma mas abrupta, sorteamos unas cuantas rocas en nuestros pies. En poco vislumbraremos la ermita perfectamente mimetizada, enclavada  en una cueva que forma la propia montaña.

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Ermita de la Espelunga bajo Sierra Ferrera

Una vez en lo alto una pequeña fuente nos refresca y reconstituye. Recuperados de la fuerte subida unas magnificas vistas nos dan la bienvenida al santo paraje de  la Espelunga. Lugar donde vivió San Beturián o Victorián antes de ejercer como abad en el cercano monasterio.  En el interior nos aguarda un mestizaje arquitectónico entre lo humano y  lo natural. La suave luz exterior se desliza por las pequeñas aberturas envulviendo los inmaculados muros blancos hasta desvanecerse detrás del altar, en la cúpula de roca que cobija este lugar.

Mas información en la revista “El mundo de los Pirineos” nº 84 o en el Blog de Joaquín Ventura