Otoño 2011

El Otoño que no parecía llegar

El otoño de 2011, climáticamente dudoso, nos dejo finalmente un  buen sabor de boca y un sin fin de preciosas y cambiantes pinceladas en nuestros paisajes, todo un regalo para nuestros sentidos teniendo en cuenta que veniamos de unas estaciones secas y cálidas.

Frutos de otoño

No fue  un otoño como el de 2010: repleto de abundantes y sabrosísimos frutos salvajes como las tan apreciadas setas. Con sus variados sabores, formas y colores, que a su vez fueron las protagonistas de los más variados y ricos manjares. Aquel año nos conformamos con las simples negras y brillantes zarzamoras o las rojas frambuesas. Que después pasaron a almacenarse en forma de confituras. Nos toco esperar, como cada año, las primeras heladas para poder cosechar los ásperos arañones que pusimos a reposar con el dulce anís para convertirse en buen pacharán.

Climatología

Aquel dudoso otoño empezó con altas temperaturas, días brillantes casi veraniegos. Sin precipitaciones y un montón de polvo en los campos y caminos. Ya dábamos por perdido los colores de aquella estación pero poco a poco bajaron las temperaturas. Las horas de sol se acortaron como marca la norma. Los atardeceres pintaron los cielos y sus colores se reflejaron en las montañas de rocas calizas de Sobrarbe.

Las noches ya frías propiciaban el maravilloso cambio de las hojas de nuestros árboles caducifólios: cerezos, robles, hayas, chopos, fresnos, majuelos, mostajos, abedules, arces, serbales… Los bosques finalmente se fueron maquillando de norte a sur por todas la comarca. Pudimos, pues disfrutar de unos pocos e inesperados días de colores otoñales. Todo un  regalo de la naturaleza antes de que los vientos del norte hiciesen de las suyas con las  hojas, que pasaron a enmoquetar el sotobosque bajo cielos limpios y azules. Pero también ansiavamos los días nublados y fríos que nos traerían la tan preciada lluvia. Y, esperamos a que el gris diera paso al fantástico paisaje blanco invernal que ya no nos dejaría hasta la primavera.